Profesionalizar el Carnaval sin ellas, un error de base 

Raquel García hace una profunda reflexión sobre la primera edición del Congreso Internacional de Profesionalización del Carnaval celebrado esta semana en Santa Cruz de Tenerife organizado por la Asociación de Diseñadores y Artesanos del Carnaval, el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz. ¿Por qué la figura de la mujer, tan importante en la fiesta, se ha visto prácticamente anulada en esta importante cita?

No sé en qué momento exacto empezó a sonar el móvil aquel día, pero fue después de la última mesa del Congreso.

Primero un mensaje, luego otro, y otro más. Hombres y mujeres del Carnaval que, sin conocerse entre sí, coincidían en una misma reflexión: “¿Has visto las fotos?”. No era un comentario malintencionado ni un ataque. Era la constatación de algo que muchos piensan y pocos se atreven a decir en voz alta por miedo a ser señalados o, peor, castigados por las administraciones. Pero cuando algo se repite tanto, hay que escucharlo. 

Porque si algo debe tener un dirigente público es capacidad para aceptar la crítica. No para aplaudirla, sino para entenderla. Quien no tolera una opinión distinta difícilmente puede estar en un cargo que, precisamente, consiste en escuchar. Y este Congreso merecía escucharse más. 

El I Congreso Internacional de Profesionalización del Carnaval, celebrado en el TEA, ha sido sin duda un paso importante. Necesario. Urgente, incluso. El Carnaval de Tenerife llevaba años reclamando ser reconocido como lo que es: una industria cultural, un motor económico y social que genera empleo, turismo, identidad y cohesión. Pero si de profesionalización se trata, hay un dato que chirría: de 41 ponentes, solo 7 eran mujeres. 

Y no es una cuestión de cuotas forzadas. Es una cuestión de realidad. Porque el Carnaval está lleno de mujeres que diseñan, construyen, cosen, dirigen, maquillan, comunican, gestionan y sostienen. Mujeres que no estaban en esa mesa, pero sin las cuales muchas de esas galas, fantasías y proyectos no existirían. Si no hay mujeres, algo hemos hecho mal. Y si las hay —que las hay— y no están, también hemos hecho algo mal. 

La propia web de la Asociación de Diseñadores y Artesanos del Carnaval muestra hasta 25 imágenes de mujeres, todas rotuladas con el nombre de un hombre. No es un detalle menor: es una metáfora exacta de lo que sigue ocurriendo. Mujeres visibles, pero no reconocidas. Presentes, pero sin nombre propio. 

Todos los hombres que participaron en el Congreso tienen méritos incuestionables. Pero cuesta creer que, entre tantas voces autorizadas, no hubiera espacio para más creadoras. Porque el talento femenino en el Carnaval no es escaso: lo que es escaso es el esfuerzo por mirarlo. 

Incluso el nombre de la propia asociación organizadora invita a la reflexión: “Asociación de Diseñadores y Artesanos del Carnaval”. Un plural masculino que engloba a todos, sí, pero que no visibiliza a nadie. En pleno siglo XXI, con una presidenta insular, con un sector en transformación, no cuesta tanto actualizar también el lenguaje. Porque las palabras importan. Las palabras crean realidad.  

Y si alguien busca un punto de partida para ese cambio, bastaría con una pequeña pero simbólica corrección: “Asociación de Diseño y Artesanía del Carnaval”. Más inclusiva, más precisa, más actual. Y sobre todo, más fiel al espíritu abierto y diverso que el Carnaval representa. 

Y no, esto no es una queja ni un reclamo personal. Es una posición. Clara y consciente. Porque callar ya no forma parte de mis opciones. Lo que digo, lo sostengo. Y si incomoda, mejor: el cambio nunca vino de los silencios. No busco gustar, busco ser coherente. Y eso, en estos tiempos, parece ser más incómodo que decir nada. 

Porque si queremos un Carnaval que evolucione, que genere empleo, que se profesionalice, que atraiga inversión y futuro, no podemos seguir dejando fuera la mitad de su talento. No hay profesionalización sin igualdad. No hay innovación si seguimos mirando con los mismos ojos de siempre. No hay futuro si seguimos escribiendo el Carnaval con una sola voz. 

El Congreso ha sido un éxito y ojalá marque un antes y un después. Pero el verdadero cambio empezará cuando las mujeres del Carnaval no tengan que señalar su ausencia, sino que puedan celebrar su presencia. Porque el Carnaval —como la sociedad que lo inspira— solo brilla de verdad cuando todas las luces están encendidas. 

Y para quienes aún preguntan, con cierto escepticismo: 

“¿De verdad es necesario hacer un documental sobre las mujeres del Carnaval?” La respuesta es clara y resonante: SÍ, SÍ Y SÍ. 

Raquel García Reyes 

Productora, periodista, carnavalera y mujer Directora de “Tras La Máscara”, un proyecto periodístico y de investigación para visibilizar a las mujeres en el Carnaval de Canarias. 

(y según las malas lenguas, “la que se cree directora de cine y que inventó la fiesta”)