Carmen Marina Bruno, la primera mujer autora del cartel del Carnaval

Carmen Marina Bruno Pérez fue la autora del Cartel del Carnaval de 1979, al ganar el concurso convocado por la Comisión de Fiestas.

En 1979, con el Carnaval liberado del eufemismo estacional, una joven chicharrera acudió con su obra al concurso para elegir el cartel que convocó la Comisión de Fiestas. El certamen velaba por el anonimato de los participantes, estableciendo que la obra se identificaría con un título y señalando que en la plica debían figurar los datos del autor. En esos años, Carmen Marina Bruno Pérez trabajaba y estudiaba. Desde pequeña se había iniciado en el universo del arte, siguiendo las pautas y el impulso que le daba su padre, quien también desde niño asimiló de manera natural el universo de la expresión pictórica, pues le atraían los trabajos de su  padre, el abuelo catalán de Carmen Marina, que pronto se identificó con la Isla y sus gentes y puso en marcha su innegable talento empresarial.

La familia Bruno Estudis desplegó sus inquietudes en el sector del mueble. Sus establecimientos en las calles Imeldo Serís, Tomé Cano y San Sebastián brindaron a la clientela una variada  oferta, en la que primaba la calidad, estableciendo cauces para facilitar la distribución de los trabajos que realizaban los mejores carpinteros y ebanistas de la Isla. En ese ambiente creció la autora del Cartel de 1979 pues entre juegos de infancia y en el despertar a la adolescencia tuvo siempre a su lado la  atenta inquietud laboral de su padre, Juan Bruno, a quien una amplia clientela solicitaba el ejercicio de su versatilidad creativa, en especial para la elaboración de murales y cenefas en el interior de las viviendas y en particular por lo que reflejaba en sus cuadros, obras que demandaba ese creciente círculo de admiradores.

A Carmen Marina le atrajo la convocatoria del cartel y consideró que podría ser una oportunidad para plasmar su idea. El concurso establecía que la obra se tendría que presentar en cuatro colores. Las condiciones que señalaba el jurado respondían a la necesidad de plasmar una obra que pudiera abarcar a los dos municipios unidos en su vertiente del Carnaval y servir de tarjeta de promoción, que iba en consonancia con las acciones que emprendía el Patronato Insular de Turismo del Cabildo de Tenerife, organismo que desde las Primeras Fiestas de Invierno desplegaba una intensa labor contando con un excelente equipo de técnicos, funcionarios que se desvivían por promocionar la isla, entre ellos Gloria Salgado. Desde ese departamento se hacía llegar el cartel y el programa de actos  a todas las embajadas, consulados y agencias de viaje de Europa y América, con el propósito de promocionar el Carnaval.

En las anteriores ediciones los carteles se adjudicaban directamente a artistas que gozaban de un merecido prestigio y que contaban con experiencia consolidada. Por lo general se trataba de profesionales que venían desempeñando su labor en las principales empresas del sector de las artes gráficas que con el mejor nivel competencial se hacían en la Isla, como era el caso de Litografía Romero. Las firmas de Juan Galarza,  Lorenzo García Micó, Alberto Cañete y Rafael Gurrea  daban siempre las mayores  garantías de éxito.

Un arlequín pregonero

En la obra de Carmen Marina, presentada bajo seudónimo, el Jurado encontró de inmediato el cartel que iba a servir como referencia y ventana promocional de Tenerife, mostrando la singularidad de sus fiestas. Desde que realizo los primeros esbozos Juan Bruno Estudis aplaudió la idea y le animó a presentarse. En la obra destaca un arlequín que, cual pregonero, extiende en el aire  las hojas volanderas, con el afán de promocionar en el conjunto de las letras la unidad del Carnaval, una abierta convocatoria que enlaza en Tenerife a la capital de la isla y a la Ciudad Turística, que ya en 1972 se había hermanado con la urbe  germana de Dusseldorf.

Carmen Marina trabajaba en los establecimientos de la familia, al tiempo que cursaba los estudios de Ciencias Empresariales. Cada febrero acudía al Carnaval con sus familiares, compañeros de trabajo y de estudio. La pandilla solía verse en el Círculo de Amistad XII de Enero, como asiduos de la Biblioteca, donde preparaban sus apuntes e intercambiaban sus ideas. Lo habían hecho disfrazados de pierrot y de  arlequín, entre otras alegorías. A la hora de crear el cartel fue precisamente al  inquieto personaje que destaca en la Comedia del Arte quien le inspiró para que entre líneas desempeñara la tarea de pregonero, respondiendo a las exigencias de la cuatricromía.

Carmen Marina Bruno, disfrazada de arlequín.

El trabajo y el estudio copaban las horas en la vida de Carmen Marina y no dejaban espacio para avanzar en la vocación creativa. Su vida creció con el feliz encuentro de su compañero de estudios y de vida Youssef Wehbe, y decidieron unir y crear una familia que les ha dados tres hijos y un proyecto de futuro sólido. Desde el inicio familiar optó por opositar  a la Administración del Estado y ganó su plaza en el Instituto Nacional de Seguridad Social, ocupando más adelante su tarea en el área de Tesorería.

La primera mujer creadora de un cartel del Carnaval chicharrero

Carmen Marina es la primera mujer autora de un cartel de nuestro Carnaval. Se optaba entonces por la elección mediante convocatoria en un concurso de carácter abierto, alternándola con la con la adjudicación directa. Más adelante se contempló la designación directa de artistas locales y artistas del exterior, retornando por último a la elección mediante concurso público. El Pregón de Carmen Marina resultó elegido en el concurso abierto de 1979, que aglutinaba a los dos carnavales de la isla. Pasarían muchos años para que otras mujeres artistas firmaran el Cartel. Le seguirían, Maribel Nazco (1994), Elena Lecuona (1996), Guenda Herrera (2002), Karina Beltrán (2006), Elena González (2011) y. REWA (2025).

El Cartel del Carnaval de Tenerife de 1979 está entre los más sólidos recuerdos y vivencias que Carmen Marina atesora. Vuelve a él  con una mirada desprovista de añoranza pues desde entonces decidió que su horizonte  se crea con la luz de cada día, por eso  desprovista de nostalgias ha entendido  al paso del tiempo  que en aquellos trazos quedó en buena medida plasmado la huella de la tradición creativa de su familia, al contener entre otros el espirito alegre de su padre y él de las múltiples expresiones que crecieron entre sus familiares, visibles en el empeño deportivo y musical de su tío Bruno, jugador y directivo del  Juventud Laguna y vicepresidente del Orfeón La Paz, la afabilidad y alegría de su tía Mercedes, esposa del cónsul de Francia y profesor, Monsieur Dekany…

La vida laboral ha quedado atrás y hoy combina las ocupaciones familiares  con otra intensa pasión, su vocación de servicio como voluntaria en la  Asociación Salud Mental ATELSAM, entidad que conoció hace años valorando su labor al conocer su compromiso y dedicación a un importante sector de la población. Fue tras asistir a la actuación de su grupo de teatro y apreciar la labor que viene desempeñando Pilar Álamo Vázquez, responsable del Programa de Igualdad. En la vida de Carmen Marina Bruno prevalece su preocupación por las personas que se ven afectadas por la soledad, las que son víctimas de la violencia, en especial las mujeres que sufren el maltrato, por los jóvenes que se ven desbordados ante la incertidumbre en el futuro y quedan atrapados en las redes que ofertan esquemas ocasionales de un mundo ficticio que les aleja de su realidad y no les permite ver valores que atesoran y que están a su lado, pasando por ello desapercibidos.