El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife lo hace el pueblo. Saliendo a la calle con sus disfraces, disfrutando de la fiesta y participando en los actos y galas del carnaval. Se pueden llegar a reunir en una sola noche más de 100.000 personas. En la cabalgata, Coso, Sardina,… las calles se llenan de miles de personas queriendo reír, pasarlo bien, llorar. Pero creo que pocas veces nos preguntamos si todo ese “pueblo” lo puede disfrutar igual.
Seguramente ni nos planteamos que llenar las aceras de gente impide el paso a personas con movilidad reducida; que el ruido intenso, y siempre bienvenido, en esta época, para muchas otras supone no poder salir o evitar ciertas zonas de la ciudad; que hay quienes necesitan tiempo para asimilar tantos estímulos. Que hay un cambio físico en la ciudad y eso no ayuda a las personas ciegas.
Afortunadamente, la sociedad avanza hacia el conocimiento, respeto y normalización de las distintas capacidades. Y esa normalidad pasa también por ofrecerles un espacio “seguro” en el que disfrutar como el que más de nuestro Carnaval. Se dan pequeños pasos y uno de ellos es la Sardina de la Inclusión: una pequeña gran cabalgata que este año reunió a casi cinco mil personas, que desfilaron por toda la Avenida de Anaga al ritmo de las mejores batucadas y músicas carnavaleras.
Asociaciones, colegios, alumnos con sus profesores, cuidadores. Todos fueron protagonistas de unas horas en las que el común denominador fueron las ganas de pasarlo bien, de pasar un rato todos juntos, demostrando que en este carnaval no es que tenga cabida todo el mundo, sino que este Carnaval lo hace todo el mundo.
Presumimos de Carnaval, de libertad, de transgresión. Pero ya era hora de que se tuvieran en cuenta esas diferentes capacidades que tenemos ya tan normalizadas en el día a día. Por eso es importante que se haya celebrado esta segunda edición de la Sardina de la Inclusión, porque es el camino hacia esa verdadera normalización. A entender que no todos somos iguales pero que todos tenemos los mismos derechos también para divertirnos, para disfrutar.
Y es importante también que el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, con la trascendencia y repercusión que tiene, trabaje y ejecute este tipo de iniciativas que, por cierto, llevan años de celebración en otros municipios tinerfeños como Icod de los Vinos o La laguna.
También pone de manifiesto el trabajo oficial de muchas personas y que han estado presentes en este desfile: intérpretes de lengua de signos, mediadores para personas sordociegas, cuidadores profesionales, profesores… Pero también a los trabajadores oficiosos: madres, padres, abuelos… Personas que luchan en el día a día por hacer de este mundo un lugar mejor para todos.
Y si queremos ahondar un poquito más y les gusta la tecnología, este tipo de actos son la cita perfecta para conocer cómo ésta se pone al servicio de la sociedad: mochilas sensitivas, sistemas antirruidos, bucles magnéticos. Les reconozco que es alucinante, como dicen los jóvenes, ver cómo esos inventos mejoran la calidad de vida de la gente.
Porque sí, poder divertirse y disfrutar en un entorno seguro y amable es calidad de vida. Al fin y al cabo, ¿no es lo que queremos todos?
El Carnaval evoluciona. Como la materia, no se crea ni se destruye; sólo se transforma. Quién sabe si esta cita, en unos años, se convierte en una de esas imprescindibles del Carnaval.





