Pelear no tiene gracia

Comunicadora, emprendedora y directora de Clónicas durante muchos años, Raquel García Reyes pide no dar espacio a la violencia y no convertirla en espectáculo. Porque el Carnaval es otra cosa, es diversión, alegría y buen humor.
Alegría y color es la idiosincrasia del Carnaval, aunque una minoría no lo entienda. Foto del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

El Carnaval de Tenerife es, y sigue siendo, el más seguro del mundo. Una celebración donde cientos de miles de personas se mezclan en las calles con un solo propósito: disfrutar. Sin embargo, cada año hay episodios que nos recuerdan que no todo el mundo sabe la diferencia entre pasarlo bien y pasarse de rosca. La tragedia de la madrugada del martes, donde un hombre de 30 años perdió la vida tras una reyerta, es la prueba de que hay una minoría que confunde diversión con violencia.

En eventos masivos como el Carnaval, donde se concentran más de 300.000 personas en la calle, es imposible garantizar el riesgo cero. Por mucho despliegue policial, por muchas ambulancias listas para actuar, la seguridad absoluta no existe si no hay también una cuota de responsabilidad individual. Y aquí viene la contradicción: cuando alguien se ve envuelto en una pelea, lo primero que nos enseñan es a alejarnos. “No te metas”, “no intervengas”, “puedes salir herido”. Y es cierto, no todos somos héroes ni tenemos la capacidad de resolver un conflicto. Pero ¿qué pasa cuando alejarnos no significa evitar el peligro, sino convertirnos en espectadores? ¿Cuándo la reacción deja de ser huir y se transforma en grabar, reír o incluso alentar la violencia desde la barrera?

Pelear no tiene gracia. No es un show ni un contenido para redes sociales. No es parte del Carnaval. La inmensa mayoría de la gente que asiste lo hace con la intención de disfrutar, de reírse, de compartir momentos memorables. Pero basta una pequeña minoría fuera de control para empañar la fiesta. Y aquí está el dilema: ¿qué hacemos con esa minoría? No se trata de culpabilizar a la sociedad ni de señalar a quienes, con razón, prefieren apartarse de una pelea. Se trata de no normalizarlo. De no darle espacio. De no convertir la violencia en espectáculo.

El Carnaval es una fiesta de alegría, pero también de convivencia. De respeto mutuo. La seguridad no es solo responsabilidad de las fuerzas del orden, sino de todos los que participamos en ella. No hace falta ser un héroe, pero sí hace falta entender que lo que toleramos, lo que grabamos, lo que consumimos, también define qué tipo de sociedad estamos construyendo. Y en una sociedad que se ríe o viraliza una pelea, la violencia tiene un espacio que nunca debería tener.

Pelear no tiene gracia. No lo olvidemos.

El Carnaval, mejor así. Foto del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.