Las instalaciones militares se visten de carnaval

En los años ochenta, el ejército abrió las puertas del Cuartel Ingeniero de La Cuesta para celebrar los Carnavales, con las actuaciones y presencia de diferentes grupos de esta fiesta.
Carnaval 1987 en el Cuartel del Regimiento Mixto en La Cuesta.

Las distancias entre el estamento militar y la ciudadanía, que en amplitud y durante años aparentaban inamovibles, se desdibujaron felizmente con el buen hacer del tinerfeño Fernando Zerolo Davidson, entonces Teniente Coronel del Ejército, que trabajó codo a codo con los Capitanes Generales. En los años 80, superando en una década al tránsito entre las carnestolendas disfrazadas de Fiestas de Invierno y  los Carnavales que reaparecieron amparados en la transición democrática, el Ejército supo abrir con decisión sus puertas para acoger a los grupos y personajes que simbolizaban con su quehacer el espíritu diferencial de las fiestas.

El mundo del Carnaval recuerda con gratitud las  visitas que las autoridades realizaban en las noches previas a los concursos y al discurrir alegre que se produciría en las calles. Entre aquel selecto grupo sobresalía, por su discreción, elegancia y afecto, un militar ajeno a etiquetas, que no alardeaba de rangos y trataba de pasar desapercibido. Vestido de civil, el Teniente Coronel Fernando Zerolo y su esposa Pilar González Marañón departían con los carnavaleros, interesándose por los repertorios y disfraces y alentando siempre  a los grupos a seguir adelante, dispuestos a vivir el popular encuentro, ante el que entendía debían contribuir para preservar la identidad del sentir isleño.

El patio del Palacio de  Capitanía, las instalaciones de Almeida y del Centro Deportivo Sociocultural Militar Paso Alto y las explanadas del Regimiento Mixto de Ingenieros en La Cuesta y del CIR-15 de Hoya Fría, acogían a los grupos en actos inolvidables. Las páginas de los diarios y en los espacios de radio y de televisión, así como en las revistas, entre ellas Canarias Gráfica, daban cuenta de los encuentros festivos que se fueron consolidando para convertirse en citas de sólida referencia en el calendario de las carnestolendas. Domingo de Laguna, director de Canarias Gráfica, resumía el esplendor de esas citas al decir en el número extraordinario de  1985: “Todo fue luz, color y arte. Un espectáculo de primera calidad donde se produjeron momentos de emoción y alegría. En una palabra: un acto verdaderamente entrañable”.

Por las instalaciones militares y ante un público siempre atento acudía una amplia selección del Carnaval presidida por las Reinas y su Corte de Honor. En el acto  ofrecían sus repertorios las rondallas Gran Tinerfe, Masa Coral Tinerfeña,  Peña del Lunes, la Agrupación Lírico Musical La Zarzuela, las murgas  Trasnochados, Nifú-Nifá, los grupos coreográficos Bohemios, Sentir Canario, las comparsas Cariocas, Rumberos, Joroperos, Danzarines Canarios, las agrupaciones Gavilanes, Purahey. Entre los personajes destacaba la presencia de nuestro inolvidable Charlot, Pedro Gómez Cuenca, y de su esposa Victoria, al que se le rindió particular homenaje, reconocimiento que por igual recibieron los directores musicales Pepito Pérez  y José Darias.

El director del Rondalla de la Peña del Lunes 1965, en los Carnavales de 1987, visitó el Cuartel de Ingenieros de La Cuesta.

Los Capitanes Generales Jesús González del Yerro Martínez, Miguel Fontenla Fernández, José Perez-Iñigo Martínez, y Francisco Ferrer Forés departían directamente con los carnavaleros en actos multitudinarios. La iniciativa que había partido de Fernando Zerolo cristalizó en el ámbito castrense y cumplió con su inicial propósito. Entendía que los soldados que, procedentes de otras provincias, estaban destinados en Canarias, podrían de esa manera entender la singularidad del carnaval isleño, fiesta que él defendía al entender que era expresión del carácter afable y acogedor de nuestro pueblo. La consideraba una excelente manifestación de nuestra cultura y se esforzaba por  potenciarla como el primero, resaltando sus valores que consideraba debemos preservar. Las FAS daban con esa iniciativa un paso decidido para potenciar su vocación de servicio y el estrecho vínculo que le enlaza con la ciudadanía.

Los grupos del carnaval contaban con el mejor aliado para solventar los problemas que de manera puntual se podían presentar.  Fernando Zerolo fue un defensor del diálogo y un gran portavoz del Carnaval Tinerfeño, presto a colaborar con la Comisión de Fiestas, aportando iniciativas y soluciones. Con su carácter afable hacía posible que pudiera superar cualquier obstáculo. No en escasas ocasiones medió para que se levantara la sanción disciplinaria que se había impuesto a algún soldado de remplazo, justificando que su labor era importante en el conjunto del carnaval. Contribuyó al encuentro de nuestro Carnaval, con la delegación de los canario-venezolanos que anualmente llegaban en los constituidos Liqui-Liquis, a los que solía acoger junto a otros muchos en torno a una mesa en su finca de Pino Alto, en las cumbres de La Orotava, brindando con el vino de su propia cosecha y con otros manjares de la tierra.

Entre otros muchos carnavaleros  era frecuente encontrarle en el deambular nocturno de las máscaras. Fernando Zerolo lucía una cuidada pose flemática que trascendía a su esmerado atuendo británico, emulando a Mr. Yeoward. Los diálogos más sorprendentes se producían ante cualquier conocido o desconocido, envueltos en pulcro acento inglés. Tanto él como su esposa vivían el rol de un British subject, que se diferenciaba por el sentido liberal y atento de la identidad alegre isleña, valores que supo inculcar a sus cuatro hijos, que mantienen vivo el legado recibido.

Fernando Zerolo fue un isleño cabal, que defendió los valores que había heredado. La Cruz de Santiago que se alza en la montaña de Paso Alto, y que recientemente ha recuperado su luminaria, es resultado de su iniciativa, para la que contó con la participación de los soldados del Grupo de Caballería destinados en el mismo acuartelamiento que los Ingenieros de la Cuesta.   

Presidió la celebración del Carnaval 1987 en el Cuartel de Ingenieros de La Cuesta, el Capitán General de Canarias, Francisco Ferrer Forés.

*Las fotografías de este artículo han sido cedidas por el Fondo de Domingo de Laguna de la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.