Rumba Habanera, comparsa con espíritu salesiano

En torno a Los Salesianos, surgieron grupos del Carnaval como la joven comparsa Rumba Habanera, o uno de los primeros coches carnavaleros.
El grupo Rumba Habanera, con su estandarte.
Rumba Habanera forjó un proyecto de amistad, que sirvió para impulsar acciones solidarias.

En las Escuelas Profesionales de San Juan Bosco, cuando la veterana institución residía en el edificio que creó el Asilo Victoria, en el Galcerán, inició su actividad, en 1975, la joven comparsa Rumba Habanera. Partía de los Cubanieros, grupo de amigos que, dirigidos por Miguel Batista, ensayaba en el barrio del Perú. La integraban jóvenes, en su mayoría del barrio Duggi, secundando el ritmo que, desde 1965, habían llevado a la calle Los Rumberos.

El salesiano Juan Ruiz Cayola les animó a participar en el despertar de inquietudes que siempre acompañó a los hijos de Don Bosco, y, entre otras actividades, decidieron sumarse al contagioso río de ilusiones y alegría. Sus componentes formaban parte del Club Dólar, continuadores del Joven 70, y, ante el anuncio de trasladar el centro educativo a La Cuesta, optaron por fijar su sede en la Cruz del Señor, adoptando el nombre de Centauro. Antonio Hierro se ocupaba de los trajes, Artiles de la música y Domingo Luis de la coreografía.

La comparsa se mantuvo hasta 1978 y participaba en Santa Cruz, en el Puerto de la Cruz, e incluso en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, al que acudieron atendiendo a la llamada del inquieto Manuel García, presidente de los vecinos de La Isleta, que supo llevar a las calles a una amplia representación del carnaval tinerfeño. El Club Centauro cerró en 1979 y, por iniciativa de José Pablo, parte de los componentes de Rumba Habanera y otros que se incorporaron decidieron crear una nueva comparsa, Brasilia Tropical, que se mantuvo hasta 1984, obteniendo en su primer año el tercer premio. Contaron para el diseño de sus trajes con Justo Gutiérrez e Isabel Coello. Uno de sus componentes, Javier de León Acosta, fue elegido concejal del ayuntamiento capitalino. Rumba Habanera es una de las doce comparsas que han hecho historia pese a cesar en su continuidad. En el recuerdo queda su nombre junto a Siboney, Brasilia Tropical, Bahía Dorada, Tropical Guayre…

El ‘troncomóvil’ de los Picapiedra, entre los primeros coches carnavaleros

En 1971, el profesor Rubén Febles, que impartía Máquinas y Herramientas en los Salesianos, propuso a sus alumnos como tarea el proyecto de crear, a partir de un viejo vehículo, el Troncomóvil de Los Picapiedra. Contaron para su diseño con el profesor de dibujo y músico salesiano José Pacheco y con la abierta colaboración del maestro de carpintería Saturni no Martín, que venía participando, año tras año, en la construcción, en el mismo colegio, de la carroza de Los Fregolinos. Intervinieron varios alumnos, con el profesor de Automoción José Figueras. Pedro y Vilma (Los Pica- piedra), junto a Pablo Mármol y Betty, desfilaron en el carnaval chicharrero y se atrevieron un lunes a tomar la autopista y encaminarse al Puerto de la Cruz. No olvidan el efecto que esa tarde les trajo la intensa lluvia que se les cruzó en el camino.

El troncomóvil, creado por los alumnos de Máquinas y Herramientas, junto a sus constructores.
Este coche carnavalero surgió de la idea del profesor Rubén Febles, de crear con sus alumnos de Los Salesianos el célebre vehículo de Los Picapiedra.

Bohemios, medio siglo dando elegancia coreográfica

La inquietud carnavalera, el ansia liberadora de ir en pos de otra cosa, prendió con fuerza para avivar la virtud de servir como enlace entre los miembros de un grupo de buenos amigos que, hace medio siglo, decidieron intervenir en las Fiestas de Invierno. Aceptaron la invitación de tomar el nombre de Bohemios, evocando la célebre zarzuela de Amadeo Vives (“Corramos los bohemios, de ardiente corazón, corramos a la fiesta, sagrada del amor…”). Aquella ilusión, prendida en el ánimo de carnavaleros de pro como Peque Fernández y Pepe Guanche, junto a Toni Díaz y otros no menos noveleros, hizo que se pusieran en marcha y su proyecto, con pilares sólidos, vino a despertar admiración en las galas del Guimerá. Los dirigía Ana María Gil, Jaqui Romero, Francis Suárez y Geni Afonso, Falon y Alam. Y llegó el momento en que Mabel Guiance, que fue percibiendo la participación en noches de ensayo y diseño de proyectos coreográficos, asumió el reto, fomentando la cantera, recuperando a veteranos y acogiendo a nuevos para el común apoyo. Con todos avanza, mostrando un renovado ímpetu y dispuestos a celebrar sus bodas de oro.

Hombres y mujeres del grupo Bohemios, en la fuente del Parque García Sanabria.
Bohemios, con un diseño de Cancán, en 1971.

Carnaval de puertas adentro, con caretas y antifaces, en 1950

Entrando en la década de los 50, el Carnaval tropezaba con el dictado gubernativo. El poncio de aquel año, a punto de ser sustituido, Emilio Alpe y Vaamonde, firmaba, el 17 de febrero, el bando que vino a echar un jarro de agua fría a la ansiada aspiración popular e hizo que muchos lo afrontaran con argucia, dando la vuelta a lo que el papel decía:

«Continuando en vigor la prohibición absoluta de celebrar las llamadas Fiestas de Carnaval, se recuerda la vigencia de la misma, quedando en su virtud prohibidas en La Provincia de mi mando la celebración de bailes de disfraces y muy especialmente el uso de dominios, caretas o disfraces en las calles y lugares públicos y en los cafés, casinos y círculos de todas clases, así como bailes y diversiones análogos con esa significación e indumentaria.

Lo que se hace público en este periódico local para general conocimiento, y su más exacto cumplimiento, quedando exceptuado de tal prohibición los bailes celebrados en casinos y círculos de recreo que no trasciendan al exterior y que, de antemano, cuenten con la autorización de este Gobierno, la cual le será exigida por todos los agentes de la autoridad dependentes de la mía».

Noventa años de Juventud Republicana y Masa Coral Tinerfeña

A finales de 1930, un grupo de chicharreros amantes de la música, miembros en su mayoría de la Juventud Republicana, crearon en esa misma casa la Masa Coral Tinerfeña. Tomaban la feliz iniciativa que permitió crear el Grupo Folclórico, la Agrupación de Pulso y Púa y el Orfeón. Prevalecía entre ellos el valor de la amistad y el afán solidario de entregar alegría y recibir iguales dosis de afecto. Desde entonces ha sido bandera y guía para el desarrollo de la música, y espacio abierto para alentar vocaciones y despertar proyectos artísticos.

Con motivo del 75 aniversario de la Masa Coral, el escritor Juan Henríquez presentó un resumen histórico, libro en el que se destacan los principales acontecimientos que la entidad ha ido desarrollando, entre los que ocupa un lugar destacado su rondalla. La sociedad isleña está representada en esa institución, que, desde sus primeros años, ha destacado por dar aliento a la lírica a través de la genuina expresión de las rondallas. Son con este 17 las ediciones del Carnaval en las que dirige a la Masa Coral el músico Javier Jonás Díaz Hernández, siendo por ello quien ostenta ese cargo con mayor número de años y de manera continuada. Con un programa de lujo, y con los arreglos del propio director, acuden al certamen vistiendo la alegoría Habana, Huaracha Club 50´S, de las hermanas Zamorín Fernández.

En el repertorio llevan: Homenaje a Los Huaracheros, Fantasía Il Trovatore, de G. Verdi (Ah l´amore ondardo, Stride la vampa), con la mezzosoprano Silvia Zorita, y Atila, de G. Verdi (Preludio, Cara Patria), con el tenor Joaquín González Ramos.

*Este artículo se publicó, por primera vez, en el periódico Balambambú, en 2020.