Francisco Hernandez Verano fue siempre para sus amigos Paquito Verano, un chicharrero predispuesto al diálogo cercano y afable, que siendo niño correteó por la calle de La Noria donde se alzaba su casa, vivienda de sólida historia que fundía sus sillares con el origen nominal de la vía. Allí pudo disfrutar de la avidez cultural de Angela Verano, su madre, que supo dar aliento a su interés por cuanto ofrecía el vecino Teatro Guimerá.
Paco Verano fue alumno de la simpar soprano Matilde Martín. Estudió Comercio y ejerció la actividad de contable tanto en la isla como en Venezuela. Se incorporó desde muy joven al mundo coral y supo vivir la alegría de los Carnavales, sorteando en periodos de prohibiciones los corsés que el rigor establecía, eludiendo pícaramente a los municipales para evitar tener que pasar la noche en el calabozo. En los Carnavales de 1953, casi una década antes de que estos se disfrazaran de Fiestas de Invierno, participa como solista en la Peña El Loro, bajo la dirección de Ramón Dorta. En esa edición la plaza de Toros acoge, como señala la convocatoria, el “Extraordinario Concurso del domingo 15 de febrero, que comienza a las 3:30 en punto de la tarde”. Participan también El Tronco Vede, dirigido por Aníbal Perez; La Unión Artística, de Faustino Torres; el Orfeón La Paz, dirigido por Manuel Hernández, y la Masa Coral Tinerfeña, que cuenta con el maestro Juan Estany.
La arraigada vocación que mostró por el canto, le llevó a formar parte de la Masa Coral Tinerfeña, en la que pasó pronto a dirigir la Sección Lírica, recibiendo de esta entidad, años más tarde, la Medalla de Oro. Con idéntica vocación colaboró con el Tronco Verde, en Los Fregolinos, en la Agrupación Lirica La Zarzuela, en la Coral de Cámara, y llegó a fundar y dirigir la agrupación los Chic-Charros, del Círculo de Amistad XII de Enero, sociedad a la que prestó igualmente su apoyo asumiendo la dirección de la Sección Lírica.
Su pasión por el Carnaval marchó a la par que la disponibilidad y atención que siempre tuvo hacia el teatro, pasión que vivió como una proyección cercana del arte escénico. Disfrazado, con las prendas rescatadas del ropero familiar y luego con los atuendos que elegía exprofeso, supo contagiar ingenio y alegría encarnando figuras populares, convertido en Monserrat Callaté y en otras divas del bel canto, en santiguadora, en sacerdotiza de vudú, en la madre de Gurruchaga, en una arrebatada Geisha prima de Madama Butterfly, amén de tantos otros personajes que recreaba y con los que estaba presto a sorprender con simpar desparpajo a los transeúntes con los que sabía tropezar al doblar cualquier esquina. En 1981 asumió la dirección de las galas realzadas a nivel de Festival Artístico, con la elección de la Reina del Carnaval y de la corte infantil, en el Teatro Guimerá, acto que presentó Francisco Álvarez Galván, y para el que contó, entre bastidores, con un formidable equipo de colaboradores: Luciano Delgado, Orellana, Alejandro Cabezas, Enrique Guimerá y otros. En el escenario, y desde el patio de butacas, entre el desfilar de candidatas, irrumpió con acierto la alegría de Aloha Hawai, Orfeón La Paz, Los Diablos Locos, Los Rumberos, Los Gavilanes, Los Bohemios, la Nifú Nifá y Danzarines Canarios.
Queremos destacar a Paco Verano, del que en 2023 se cumplió el centenario de su nacimiento, por entender que se ha hecho merecedor de nuestro recuerdo y eterno agradecimiento. Destacamos su entrega ejemplar al Carnaval de todos y las múltiples facetas en las que se desenvolvió, dinamizando inquietudes escénicas, con los limitados medios del momento, compartiendo la alegría con su esposa Estrellita e hijos. En su dilatado historial destaca su trabajo como actor, director y profesor de teatro y su participación en el cine, así como su valía como cantante, prestando su voz en la celebración de numerosas boda, alentado la incorporación de otros valores como Manolo Bello, los hermanos Tapia, Manolo Martín y un largo etcétera. Todo lo hizo siempre regalando alegría y despertando ingenio creativo, mucho antes de que ese cauce pudiera discurrir por los conquistados senderos de la libre expresión.

*Este artículo se publicó, por primera vez, en el periódico del Carnaval El Chichayorkino, en 2023.





