Con la inmejorable expresión de la alegría que encierra el saludo abierto de su raíz popular, Santa Cruz de Tenerife, y la isla toda, escribió, en el Carnaval de 1987, una página de envidiable acierto en el podio de la convivencia. Celia Cruz llenó con su música la noche del martes y ese hito quedó recogido en el Libro Guinness de los Récord. Desde la tarde se palpaba el río humano, atento a lo que iba a suceder, y el notario, Jose María Delgado Bello, junto a los inspectores de Guinness, técnicos y autoridades, disponían de los planos que el Servicio Técnico del Municipio les había facilitado, y esperaban las fotografías de Pablo Afonso junto al informe de la Policía Local, con lo que se pudo confirmar que, en la amplitud de la zona, habían cuando menos 240.000 personas.
Grandes bailes
Las orquestas canarias respondían a la demanda del público con la música que dimos en llamar pachanguera y que abarcaban todo tipo de melodías: rancheras, pasodobles, canciones ligeras, del momento… que los músicos versionaban con especial maestría. Los grandes bailes convocaban al público cada fin de semana y en las fiestas patronales. La sección de anuncios en las radios daba cuenta de la variada oferta, con mención a las salas Nivaria, Titanic, Castilla, Acacia,,… donde actuaban las orquestas España de Arafo, Los Roquer´s de Garachico, La Nicanrandy, Los Guanches…
En la amplia y alegre programación del Carnaval, que recién concluido Reyes emitía a diario Radio Club Tenerife, se van sembrando iniciativas que contagian por igual a todos los medios. La elección de la Canción del Carnaval, que, en 1985, propone la emisora, puso en destacado lugar a El Africano, el popular Mami, qué será lo que quiere el negro, de Calixto Ochoa, que llegó con el estilo de Wilfrido Vargas. Los oyentes participan interpretando ese tema al compás de Los Guanches y Francisco Padrón intentará por todos los medios contratar al cantante dominicano. Manuel Monzón, el fundador de Los Rumberos, le sugiere que apueste por Billo´s Caracas Boys y le lleva la colección de vinilos que había traído de Venezuela, con lo que el director de Radio Club da un nuevo paso gestionando la llegada de la Billo´s, para que actúe en el baile de la Plaza de España. Billo Frometa, con sus más de veinte músicos, siembra el carnaval con merengues, cumbias, boleros. El martes, tras el Coso, con la nostalgia que acompaña a la despedida, Billo’s actúa en la Plaza de España, previo a la exhibición pirotécnica, y reúnen a más de 120.000 personas.

Llega la Reina de la Salsa
Al siguiente año, llega el huracán de la alegría: la magia que irradia el corazón de Celia Cruz. Javier Zerolo lanza la iniciativa de contar con la Reina de la Salsa. Disponía de los contactos y ofrece su vocación de servir, propiciando el encuentro en Nueva York, donde Paco Padrón firma con Ralph Mercado, productor latino, el contrato que permite la visita a la Isla de la cubana de proyección universal, junto a la Sonora Matancera. En el Aeropuerto del Sur recibe a Celia, acompañada por su esposo Pedro Knight y se suceden los encuentros previos a la cita del Martes de Carnaval. Maipa García, compañera en Radio Club, recuerda la simpatía arrolladora de Celia y su respuesta al servirle un café, cuando le indicó que, pese al grito Azúcar, ella no le ponía nada, al ser diabética. No olvida la impresión que le causó verla bailar con sus tacones huecos, que desafiaban la gravedad, siguiéndola en la conga que se formó al término del concierto, siendo ella la que iba en tercer lugar de un Carnaval donde todos “Íbamos a una. Nos saludábamos por igual; podías hablar y divertirte sanamente con cualquiera. Habíamos ganado el valor de compartir la calle, como un espacio de entendimiento. Entonces tocamos el cielo de la convivencia”. Javi Zerolo destaca la magia que se gestó en el encuentro, donde actuaron Maracaibo y Guayaba, orquestas ya veteranas y que apostaban por la salsa.
La conexión de Celia con el público fue inmediata. Había almorzado en el Club Hípico La Atalaya y, a los postres, Javier Zerolo le preguntó si conocía el Pasodoble Islas Canarias, respondiendo con la entonación de algunas estrofas. Sin dudarlo la animó a que lo interpretara, indicándole que, si lo hacía esa noche, iba a arder la isla. En la tarde, mientras descansaban en el Mencey, Celia recibe una casete con la versión sabandeña del pasodoble y, unas horas más tarde, lo cantó a capela despertando una ovación de lujo.
Celia y Billo’s coincidían por primera vez en el escenario, que enseñoreaba el Carnaval dedicado a Roma, con el ingenio de Alfonso Mertens. Joaquín Prat y Pilar Socorro presentaron el memorable encuentro que dejo un recuerdo inolvidable, pues esa noche Tenerife tocó a las puertas del cielo. Pablo Afonso tomaba imágenes desde la terraza del Casino, luego en la máxima altura del Olympo y desde el escenario. Tuvo que desplazarse siguiendo el compás de los temas que se interpretaban. “Del Casino al escenario tardé más de media hora. Iba protegiendo las cámaras y bailando. Con las fotos me fui al periódico a revelarlas, y, de inmediato, se las entregué a la Comisión para que evaluara el nivel de participación con los inspectores de Guinness. Acabé hecho polvo; iba lleno de pintura y de confeti por todas partes, pero muy feliz. Entre todos lo habíamos conseguido y, lo más importante, no solo era el número de participantes sino el nivel de comportamiento de todos, el civismo que teníamos y que ahora se nos ha ido apagando. Antes cualquier atisbo de desencuentro lo solucionábamos sin que mediara autoridad alguna”.
Aquellos tiempos hicieron de Santa Cruz de Tenerife la capital mundial de la salsa y de todos los ritmos latinos, el trampolín de tantos artistas para llegar a Europa: Maní Manuel, Wilfrido Vargas, Las Chicas del Can, el Gran Combo de Puerto Rico, Carlos Vives, Rubén Blades, Camilo o Carlos Baute, entre otros.

*Este artículo se publicó, por primera vez, en el periódico del Carnaval El Droide Chicha, en 2022.





