Máscaras, personajes, parrandas… Al caer la tarde del lunes de Carnaval, la Casa de Los Leones, la vivienda de Nelly y Gaby de la capital tinerfeña, se llenaba de alegría. El asalto era incesante y, por igual, constante el abrazo tendido de hospitalidad que los anfitriones daban a cuantos llegaban con o sin invitación. El patio era punto de encuentro de gentes con disfraz y careta o con el rostro maquillado, dispuestas a compartir la esencia de la fiesta. No faltaba un alma y siempre había un hueco para quien traspasara la puerta. Con igual frecuencia se iban produciendo las despedidas, pues aquel recinto ajeno a la programación oficial era el punto inicial de una noche que para todos albergaba la esperanza de salir al encuentro de la aventura sin límites, de ser partícipes en el tradicional río de “correr los carnavales”.
Juan Manuel de León Martín (Nelly) había vivido desde pequeño el carnaval de su villa y puerto, su Garachico natal, donde se mantiene inalterable un conjunto de momentos tan especiales como el Entierro de la Sardina, allí conocida como Sansusino, voz que confirma la inequívoca relación en la lusofonía con los archipiélagos de Madeira y Azores. Nelly, iba para futbolista, en el Silense y pasó en 1964, de prueba, al Tenerife de Pepe López. Fue el recordado periodista deportivo Álvaro Castañeda quien le bautizó con ese diminutivo, recordando al centrocampista grancanario César Nelly que con ese nombre jugaba en la Unión Deportiva, de ahí el diminutivo con el que desde entonces conocemos a este carnavalero simpar. Escribía en La Tarde y en El Día, ganando el primer premio en el Concurso Literario de las Fiestas de San Roque, estudió Magisterio y accedió al cuerpo de funcionarios municipales con destino en el Ayuntamiento de Garachico donde fue elegido alcalde, desempeñando tan noble cargo en dos legislaturas. También, por concurso oposición, pasó a ser funcionario en la Consejería de Presidencia de la Comunidad Autónoma de Canarias. Su carácter inconfundiblemente afable y contagioso, de extensa y generosa mirada hacia la camaradería, le han llevado a acentuar su sentir carnavalero y a liderar la Peña Los Vinagres, que fue pilar en la popular Romería de San Roque y que tuvo continuidad en otras celebraciones, entre ellas la de San Andrés, con recorrido por la bodega de Ángel y Rosi, en la Tierra del Trigo, a la que acudía liderando un amplio grupo, más de cien personas, que se desplazaban en animada excursión guaguera, y donde por igual se recibía con especial cariño a los emigrantes que cada año retornaban a las Islas por iniciativa de los Chicharros Mensajeros, institución que presidia el recordado Roberto Torres del Castillo.

Nelly y su esposa, alemana y natural de Bremerhaven, son padres de dos hijas universitarias y disfrutan de los alicientes que saben encontrar en el devenir da la vida, en especial al ver crecer a su nieto Roque, que comparte especialmente con el abuelo el valor de la amistad y los saludos de humor que, en complicidad, hacen crecer ante cualquier situación y durante su cotidiano deambular.
Nelly, animado por sus incondicionales compañeros, se convirtió en el anfitrión de los personajes del Carnaval. Su amistad con todos, y su deseo de coordinar en las Fiestas el quehacer de tal variopinto grupo, le llevó a asumir ese cargo e iniciar en 1987 el encuentro de los lunes en su casa, la versión chicharrera de los Rosenmontag alemanes. Juan Gutiérrez que en estos días se trasformaba en Doña Croqueta y Vicente González que se convertía en Don Ciruelo, fueron inicialmente sus más directos colaboradores. Ambos, vecinos también de la Isla Baja, unidos por lazos de familia, disfrutaban de la elegante amistad que a brazo tendido ofrecía don Pedro Gómez Cuenca, el inolvidable Charlot, junto a la esposa de éste, Doña Victoria. A ellos se fue agregando una corte clerical, un variado elenco de sacerdotes y monjas, miembros activos de diferente congregaciones o vinculados a parroquias de un ilimitado número de municipios, a los que se unía sin ejercer mando a algún mitrado y una activa y devota feligresía, con o sin cofradía, constituyendo la interminable nómina de personajes: Mss Peggy, Popeye, Fidel Castro, Cantinflas, El Palmatoria, Chiquito de la Calzada, La Lecherita, Cristóbal Colón, La Pareja Feliz, JR- Corazón de Cartón, Michael Jackson, Harpo El Mudo, etc.

Los Hermanos Dorta, que forman parte del clero secular, con ermita en la Recova chicharrera y explotación apícola, aportaban, año tras año, un suculento manjar de pollos, muslos y pechuga, que con mojo sujeto a receta inconfesable, asaban en la parrilla, y no faltaban otros recursos propios de las fiestas, entre ellos las torrijas y bizcochos y los famosos dulces alemanes proporcionados igualmente por la anfitriona, todo regado con el mejor vino que llegaba directamente desde las bodegas amigas.
Tras 25 lunes de ininterrumpidas carnestolendas, llegó un año en el que Nelly y sus amigos decidieron declararlo sabático, para disfrutar de la fiesta palmera, empolvándose junto a los alegres sones que acompañan el deambular de la Negra Tomasa. Luego vino la Covid y el paréntesis se alargó. Este año retoman la cita. El 8 de marzo, con motivo del cumpleaños del anfitrión, la pandilla carnavalera vuelve a disfrutar de la cita alegre, en esta ocasión con paella. Los Personajes dan cuenta de su papel que mantienen vivo y mantienen el recuerdo a cuantos han formado parte de tan noble hidalguía, con rango de grandeza y mercedes, que ha merecido el reconocimiento principesco, tramitado por los edecanes Cirilo Leal y Antonio Arozena, títulos que se entregan en cada edición, y que durante años se proclamaba en el bar de Franco, próximo al Teatro Baudet (templo cultural que por cierto lleva cerrado hace 40 años), más tarde en el Enroque y por último en el bar de la Avenida de Buenos Aires, próximo al Múltiples II. Esa troupe ha dado vida a las obras Bajo el Mimo Cielo e Historias de la Viña del Loro, con el acierto de su autor y director Cirilo Leal.





