Las Lecheras and Company se saltan el fielato

El lunes de Carnaval era la fecha preferida para Emilio y Javier. Se emperifollaban con faldas y blusa de abundante pectoral, que completaban con delantal de amplio bolsillo, pañuelo en la cabeza, cholas y medias negras. Cada uno echaba mano de sus cestas a la cabeza y las cántaras dispuestas.

Parece un milagro el agradable encuentro con esa familiar figura, un retorno y vuelta al cercano pasado en el que su presencia era cotidiana. Burlar el paso del tiempo y revivir tal coincidencia se debe al empeño de un grupo de buenos amigos que se convierten en Lecheras y responden a la mundanal convocatoria del Carnaval. Así lo hacen año tras año. Comenzaron con cierta timidez y mucha picardía, unida al sabio desparpajo de dar rienda suelta a las más disparatadas ocurrencias. Lo hacen burlando a los fielateros y consiguen pasar sus cántaros repletos de alegría. Trabajo les ha costado ganarse la amistad y el permiso, para no tener que retratarse con el pago del impuesto y discurrir en absoluta libertad, con el deambular incesante que les distingue.

Todo tiene un comienzo y el de este grupo cabe fijarlo en 1977, cuando el mundo de la máscara dejaba atrás el disfraz de Fiestas de Invierno y con valentía paso a recuperar su auténtica denominación, cita que extendió mundialmente su mensaje con el magnífico cartel de Lorenzo García Micó. Ese año Emilio y Javier deciden participar y echan mano del traje con el que las lecheras deambulaban por la ciudad, portando el preciado y necesario manjar, que en muchos casos ordeñaban bien temprano para traerlo a las viviendas de sus clientas, casa por casa, y regresar más tarde con las seretas y las latas repletas de los desperdicios que iban a aliviar en el goro el hambre de los cochinos.

El Carnaval tenía entonces como centro neurálgico la Plaza del Príncipe. Los ventorrillos despachaban chuletas y bistec, raciones de tollos, de garbanzas, bocadillos de chorizo perro… El vino se decía venia directamente de La Victoria, de El Sauzal, de Tacoronte…Lo del etiquetado vino más tarde. Las máscaras deambulaban en inagotable círculo con el incesante encuentro, cubiertas con disfraz o careta, al tiempo que la fiesta se percibía intensa en los bailes del Guimerá, Recreativo, Circulo de Amistad, Casino…

El lunes era la fecha preferida para Emilio y Javier. Se emperifollaban con faldas y blusa de abundante pectoral, que completaban con delantal de amplio bolsillo, pañuelo en la cabeza, cholas y medias negras. Cada uno echaba mano de sus cestas a la cabeza y las cantaras dispuestas. Llevaba el densímetro pesa leche, el lactómetro, dispuesto a responder a las dudas y críticas de la clientela que en más de una ocasión discutían sobre el precio e incluso llegaban más que a insinuar que no se dejaban engañar, que tenían sospechas de denuncias policiales pues a más de una la habían trincado remangadas sobre las cántaras soltando aguas menores y con otros bautizos.

Antes de llegar a la urbe Emilio y Javier hacían acopio de energías tapiñando en La Esperanza, surtiéndose de buen vino y reparando las cesta con hojas de helecho y alguna frutas para agasajar a las clientas que ya eran como de la familia, pues les pedían alguna hierbita (greña millo, pasote, hierba luisa, caña santa, toronjil) e incluso tierra de monte para arreglar alguna maceta.

La iniciativa lecheril caló pronto entre otros amigos y de inmediato se sumaron para agrandar y dar vida al grupo: Gari, Pepe , Julio el Mago, Valentín (desde Gran Canaria), Andrés y Fernando de la Torre. Siguieron creciendo con Paco, Miguel, Jorge, Alberto, Yoyo, Paqui, Tino, Marcelino, Juani, Chano, José y Fernando Rivero.

Las ocurrencias de unos y otros les hizo ganar la atención de otros muchos carnavaleros, contando con un creciente grupo de admiradores que sin mediar trámites se convirtieron en su incondicional equipo de apoyo, entre ellas las empleadas de Galerías Preciados, que les aguardaban para maquillarlas de manera desinteresada.

En 2019 decidieron inscribirse en el Registro de Asociaciones del Gobierno de Canarias y sumar a sus filas a personajes emblemáticos de nuestro carnaval al como la Abuelita de Fidel Castro y el propio Fidel Castro (Antonio Meseguer), el cura capellán, Cantinflas (Manuel de los Reyes), dando paso a si a la creación de la Asociación Recreativa Cultural y Musical Las Lecheras & Company, que dicho en english chicha deja en el aire algo así como Lecheras y con peny La familia sigue creciendo y se une a su reparto Mr. Proper y Ramón El Indiano, de recocida veteranía, portador de la maleta que heredó de José Manuel González. Desde hace cuatro años reciben a una delegación del Carnaval de Las Palmas, que lidera Enrique Legaza, participando conjuntamente en los actos que programa el Organismo Autónomo de Fiestas y Actividades Recreativas.

Los lunes, de asueto para los zapateros, sigue siendo su día preferido, pero no desatienden ninguna otra fecha, así que no faltan a las cabalgatas, actuaciones en la Plaza del Príncipe, coso, partidos del Tenerife…El almuerzo del lunes es fecha central en el correr del carnaval lechero. La cita suele ser en Los Braseritos, sito en la carretera de Agua García, donde hacen público el reconocimiento Lechera del Año con el que distinguen a la persona o entidad que consideran ha contribuido a enaltecer las fiestas.

Entre 40 y 60 litros de leche

Las Lecheras, en su deambular festero, recuerdan los episodios y la vida de tantas profesionales del reparto del preciado manjar, que tanto a pie por el célebre camino que lleva su nombre (16 kilómetros desde la Iglesia de la Concepción, pasando por El Bronco, Las Mesas, Valle Jiménez, Cueva Roja…) como en el vagón La Jardinera del tranvía, en las guaguas perreras o metidas en el camión colectivo, llegaban a la capital cargando cada una entre 40 y 60 litros de leche más los atarecos que precisaban para el retorno en su quehacer de reciclar sin que entonces se mencionara el retorno de la materia orgánica, atendiendo puntuales a sus clientas. Solían coincidir en las inmediaciones de la Recova, la mayoría no eran propietarias del vacuno y tenían que arreglarse con los ganaderos para adquirir la mercancía. Entre ellas fijaban el precio del que no debían bajar, para poder reunir unas pesetas con la que atender a las necesidades familiares. Venían de Tegueste, El Rosario, La Esperanza, Las Mercedes…

El Fielato de Los Melones, cerca de Almeyda, controlaba la entrada de la mercancía que llegaba desde San Andrés, El Bufadero…. El de la Vuelta de Los Pájaros vigilaba lo que llegaba de La Laguna. Son muchas las anécdotas que recuperan las carnavaleras repartidoras, como la que contiene la copla que sabe entonar Alberto Vargas, que es miembro de Los Majuelos: «Una señoras formal/ compró un conejo barato/ y al pasar por el fielato/ lo escondió en el delantal…”. O el ardid de aquellos que llevaban un cochino en el coche y lo colocaron en el asiento trasero, sujetado entre dos ocupantes, encasquetándole un sombrero y dejando entre los fielateros la sorpresa al decir ¡Vaya cara cochino lleva ese amigo!

Las lecheras a pie y los rebaños de cabras con su perro guardián y el ganadero recorrían nuestras calles hasta los años 60 del pasado siglo. Fue así en la coincidencia popular con la leche en polvo y la implantación de las primeras industrias lácteas. La huelga de las lecheras de 1962, en la que tuvo un papel importante el abogado Antonio Cubillo, episodio que marcó para este el inicio de un obligado exilio, vino a ser una lucha contra lo inevitable. Llegaron ILTESA y CELGAN y la inventiva popular hizo que aquellas siglas tuvieran el jocoso significado de Imposible Leche Tomar Es Solamente Agua y Con Esta Leche Garantizamos Agua Natural.