Trapaseros y Burlonas elevan el concurso en una noche de contenido, identidad y riesgo

La tercera fase del Concurso de Murgas Adultas confirmó que el concurso ya no va solo de cantar bien, sino de tener algo que decir y saber cómo decirlo. Fue una noche de mensajes incómodos, jerarquías que empiezan y donde algunas murgas no solo cantan, sino que toman posición.

Abrieron Guachinquietas, con una presentación reivindicativa que puso al público en pie mostrando los pantallazos de la frustrada compra de entradas. Hubo conexión inmediata. El primer tema, con la idea de barrenderas, se quedó corto en novedad y ejecución, con voces poco compactadas. El segundo, marca de la casa de su letrista, abordó con humor la moda de los retoques estéticos en las mujeres. Grandes golpes, muy reconocibles y actuales, pero excesivamente hablados y poco encajados en la música. El mensaje llegó; la emoción, no tanto.

Un salto cualitativo llegó con Burlonas con respecto a su 2025, año en el que la final les dió un descanso. Ofrecieron dos letras de contenido novedoso con respecto al que llevamos escuchados en las dos fases anteriores. El primer tema, con ChatGPT como idea paraguas, no se quedó en una anécdota, sino que formó parte del desarrollo del contenido. Reivindicaron el valor del humano frente a la máquina y rindieron homenaje a los letristas de las murgas del Carnaval. Momento que conectó de forma especial con esta espectadora. El segundo dio voz a los niños para hablar de educación, y los retos que tienen las familias ante la violencia, el acoso y los abusos a los menores. Con la presencia simbólica de murgas infantiles. El público no aplaudió: escuchó. Firmes, seguras y con personalidad. Son lo que ves.

Marchilongas sorprendieron con actitud, frescura y autoridad temática. Abordaron el feminismo como solo las mujeres lo podemos hacer y aclarando la eterna confusión de este con el machismo desde la experiencia real de las mujeres, sin consignas vacías. Continuaron con un segundo tema improvisado, con actualidad y algún golpe. Además  un asunto consciente que cerró con sentido. Algún desajuste vocal puntual no empañó una actuación honesta y muy bien defendida. A ritmo de pasodoble, recibió aplausos la denuncia del manoseo oportunista del tema del feminismo de la mano de alguna murga masculina cuando algún integrante de ellos podría ser el logo del machismo. Amigas, llegaron.

Y entonces llegó el vendaval.

Trapaseros se comieron la fase. Volvieron con hambre, con ideas y con un dominio absoluto del lenguaje murguero. El primer tema, sobre las limitaciones —económicas, burocráticas, políticas y culturales—, fue una declaración de principios, con respuesta directa a Rudy y Ruyman y una crítica frontal al alcalde por lo que consideran una traición. El público respondió en cada estrofa. Piel de gallina. Una defensa firme de su libertad de expresión.

El segundo, con el papel como eje simbólico, fue una lección de semántica murguera: papel higiénico, papel regalo, dinero, confeti… ideas bien explotadas, regalos al público y una puesta en escena que, aun siendo compleja, se entendía sin artificio. Fuerza, seguridad y contenido de fábrica.

Dos temas muy distintos pero igual de sólidos. 

Cerraron la fase Los Avispados, con una murga pequeña, nueva y aún verdes musical y escénicamente.Propuesta que recordó a una de las murgas de los 80 en forma, pero sin el contenido ni la intención que exige el concurso actual. Letras simples, escasa elaboración y y poco peso crítico. Cerraron la fase con un recinto ya vacío como telón de fondo. Entusiasmo no les falta; camino, sí.

Fue una fase intensa, desigual y reveladora.
Con murgas que confirmaron, otras que sorprendieron y una que dejó claro que este año no ha venido a participar.

Fue una fase con mensajes incómodos, discursos valientes y murgas que no pidieron permiso para decir lo que tenían que decir. El concurso ya no es solo quién canta mejor. Es quién tiene algo que decir y sabe cómo hacerlo.

Y en esta tercera noche, Trapaseros y Burlonas dejaron claro que están aquí para algo más que pasar de fase.

El concurso sigue abierto.

Pero ya no se lee igual que ayer.