La Sonora emociona y Tiralenguas da un golpe sobre la mesa en una fase que giró el guion

La segunda fase del Concurso de Murgas Adultas dio un giro al relato que parecía escrito tras la primera noche. Con los focos puestos en Mamelucos y Tiralenguas, el orden de actuaciones acabó ofreciendo algo más: sorpresa, emoción y una conexión con el público que fue creciendo según avanzaba la noche.

Tiralenguas confirmó que lo suyo este año va en serio. Mucho más compactos que en la edición pasada, con fuerza vocal y letras bien trabajadas, sacaron la carta del Mago del Norte para hablar desde Icod con autoridad y sin impostura. El segundo tema fue claramente superior al primero y el cierre, “Tenerife somos todos”, puso el broche emotivo a una actuación que huele a final.

Después llegó Tras con Tras, con un pasacalle que ya es patrimonio sentimental del concurso. Buenas letras en el primer tema, pero víctimas de un montaje musical que las ahogó. El segundo, sobre el algoritmo, prometía originalidad pero terminó diluyéndose por falta de vocalización y expresividad. Demasiado quietas, demasiado planas. De más a menos.

La expectativa volvió a subir con Mamelucos, que siguen buscando cómo revivir sus grandes noches. El pasacalle y la despedida funcionan siempre, pero no bastan. El primer tema, El Casino, fue una percha para demasiadas cosas; el segundo arrancó bien con críticas potentes, pero volvió a subir y bajar sin encontrar estabilidad. Cerraron arriba, sí, pero con demasiados vaivenes por el camino.

Chinchosos aportaron nostalgia desde el pasacalle y mostraron una clara mejoría en voces y energía. El primer tema acumuló demasiados asuntos en una sola parada de guagua; el segundo, más actual, tocó el fenómeno influencer con guiños reconocibles, aunque sin terminar de cuajar del todo. Aun así, dieron un paso adelante respecto a años anteriores.

Y entonces llegó el enorme placer de la noche.

La Sonora cerró la fase con frescura, actitud y una manera de estar en el escenario que contagia. Lenguaje no verbal, sonrisas, complicidad y un tono positivo poco habitual en el concurso. El primer tema, sobre los bonos, estuvo lleno de ideas originales e ironía; el segundo, soñado y emotivo, conectó desde la ternura. Regalos al público, sorpresa constante y una sensación clara: nadie se quería perder aquello.

Fue una segunda fase distinta. Más emocional. Más cambiante.
 Con una murga que dio un golpe de autoridad, otra que sorprendió desde la amabilidad y un público que respondió cuando sintió verdad.

El concurso sigue abierto.
 Pero ya no se lee igual que ayer.