La cuarta fase llegó con una mezcla de expectativa y ruido, como solo en Carnaval se enciende. Había ganas de ver si las propuestas iban a más, si las letras seguían sorprendiendo o si el concurso se quedaba en un eco de lo ya escuchado. La respuesta la fueron dando las murgas una a una, no solo con sus historias, sino con su forma de contarlas y, sobre todo, con el nivel de conexión que lograron con un público que no deja de hablar por redes ni en la calle.
Empezar por Diablos Locos fue sentir el corazón a mil inmediatamente con su pasacalle. No fue una actuación de trámite, fue el regreso a ese espíritu trónico que, a veces se echa de menos en este concurso densamente cargado de temas sociales. Su segundo tema, sobre todo, desplegó una energía que prendió al público de golpe, con punzadas críticas, humor en las venas y una forma de sacar todo el armamento de recursos que en las murgas son garantía de aplauso. Se les sintió confiados, controlando y con ganas de que se les escuchara en la final.
La propuesta de Redoblonas fue otra historia. Nuevas en esta edición, aunque veteranas entre las filas, jugaron un show con ritmo, recursos visuales y humor integrado en la música. La idea era atractiva y la ejecución, pulida, pero algo falló en la conexión. Aún nos estamos conociendo y habrá que darle tiempo. Hubo sonrisas, pocas, pero no carcajadas, pero el público no se entregó. Como si lo que veías fuera un espectáculo muy bien montado, pero todavía sin ese punto de “me estás contando mi historia” que invita a levantarse y cantar contigo. Tiene valor la novedad y la valentía, y sin duda hay material para crecer.
Con Irónicos el carril cambió. Son de esas murgas que no solo cantan, sino que abrazan la cultura desde dentro. Su primer tema fue como una invitación a considerar que los murgueros son cultura, quiero entender que las murgueras también aunque no se las vió en sus paneles. Hacen poesía de nuestras raíces, con guiños a la canariedad y música que no solo suena, sino que te habla. Los cambios de tono entre una música y otra deberían de puntuar porque la canción gana si se hacen así. Pasado ese primer envoltorio, el segundo bajó a la tierra con asuntos sociales que importan, sin estridencias y con una forma de articularlos que hacía que, literalmente, se sintiera en todos los perfiles representados en su crítica. Esas letras constructivas con cuidado, en positivo, y con música buena y bonita, pero no barata que acompaña, hacen que quien los escucha sienta algo diferente. No mejor ni peor, sino gratamente diferente.
Zeta Zetas mantuvieron su sello y volvieron a sacar temas con intención de dar golpes de efecto. Fueron contundentes, pero la suma de tantos contenidos corriendo a ritmo acelerado dejó la sensación, por momentos de que en algún tramo hubo más prisa que impacto. Se les reconoce al instante, más con su trayectoria que con sus últimos años de éxitos.
El cierre con Diabólicas fue interesantísimo. Habían venido a la fase con ganas de sonar actuales, y lo consiguieron. Sus temas, desde los miedos colectivos hasta la memoria de la ciudad que parece haberse quedado en pausa, fueron construidos con una mezcla de mirada crítica y seria que la murga se notó mucho más consolidada que en ediciones anteriores. Hubo momentos en que el público se giraba a mirarse, porque pensaba “están super bien” y le respondió con aplausos.
De fondo estaba la gente, tuits comentando frases sueltas, vídeos de los momentos más destacados, y una sensación de que el concurso no solo se oye dentro del recinto. Al terminar la fase, se confirmó quiénes se llevan el pase a la final, y fue para muchos una sorpresa total. Las propuestas con mayor contenido comercial, puesta en escena y ovaciones claras del público fueron las que subieron al avión directas a la gran final. Pero eso, lo revisaremos a fondo en el análisis de mañana sábado.
Estos cuatro días fueron una demostración de que la murga sigue siendo un medio de expresión, que sube el pulso con emoción y criterio. Y así lo vivieron quienes llenaron, a ratos el recinto y que, fase a fase.
Mañana más y mejor. O eso esperamos.




