¿Qué ha decidido el Ayuntamiento?
Según fuentes oficiales, para la edición del Carnaval 2026 se eliminará el voto del público tal y como ha existido hasta ahora (incluido el voto telefónico). Hasta ahora, ese voto representaba el 10 % del cómputo total durante la gala.
La decisión no ha sido tomada en solitario: se afirma que fue fruto del consenso con los diseñadores del Carnaval, quienes en reuniones internas mostraron su respaldo a la supresión del voto telefónico con el argumento de que su permanencia genera riesgos de manipulación o de desequilibrio en el concurso. De hecho, la Asociación de Diseñadores ha sido una de las voces más firmes en esta dirección, ya que históricamente nunca ha estado de acuerdo con este sistema de participación popular, por considerarlo poco fiable y distorsionador del resultado.
El Ayuntamiento también ha manifestado su intención de mantener alguna forma de participación ciudadana, aunque bajo un formato distinto al voto directo por teléfono. Hasta ahora, el nuevo sistema no se ha concretado públicamente.
¿Por qué se plantea esta medida?
Detrás de la decisión hay una serie de motivos que, según quienes la apoyan, justifican la reforma:
- Preocupaciones por la integridad de la votación: el riesgo de fraude o manipulación —por llamadas masivas o sistemas automatizados— cuestionaba la limpieza del resultado.
- El criterio artístico como eje: la Asociación de Diseñadores defiende que su trabajo debe valorarse con criterios técnicos y artísticos, no sujetos a un voto popular influido por factores externos como la simpatía de la candidata o la repercusión mediática.
- Simplificación de la gala: se evita perder tiempo con incidencias técnicas o recuentos de última hora.
- Mayor justicia escénica: los diseñadores sostienen que las fantasías deben juzgarse en vivo, donde se perciben en su totalidad, y no mediante una participación externa condicionada por pantallas o la distancia del público al escenario.
Las críticas que ya surgen
Aunque la medida ha encontrado defensores entre las filas más conservadoras del carnaval y personas cercanas al colectivo de diseñadores, no faltan voces críticas:
- Menor participación ciudadana: se interpreta como un retroceso en la conexión del público con la gala.
- Falta de concreción en la alternativa: al no saberse aún cómo se garantizará la voz del público, crece la desconfianza.
- Posible elitismo: si el jurado técnico acapara el poder de decisión, se teme que se premie solo lo más “académico” o convencional.
- Valor simbólico del voto popular: muchos carnavaleros consideran que votar a su favorita era parte de la magia de la gala, y su eliminación puede percibirse como una ruptura con la esencia popular del Carnaval.
Quizás el mayor problema venga desde las firmas comerciales que, a pesar de sustentar su apoyo económico en la aportación a la creatividad e idiosincrasia de la fiesta, también buscan una rentabilidad promocional que la supresión de este sistema puede reducir. Algunas ya han mostrado su rechazo a esta medida.
Nuevas prácticas y la influencia digital
Uno de los riesgos señalados en los últimos años, y que también se esgrime como argumento para retirar el voto telefónico, es la creciente presencia de influencers entre las candidatas. Diseñadores y empresas patrocinadoras han recurrido con frecuencia a representantes con un fuerte perfil mediático, capaces de movilizar seguidores en redes sociales y de tocar la sensibilidad del público a través de campañas digitales. Estas estrategias no solo buscaban captar votos del público, sino también generar un ambiente favorable que, en ocasiones, podía llegar a condicionar indirectamente la percepción del jurado. Con ello, la competición corría el riesgo de desviarse del foco principal: el diseño y la puesta en escena de las fantasías.
La influencia de los diseñadores en las decisiones de las bases del concurso
Las bases de ediciones anteriores ya habían mostrado cautela frente al uso de dispositivos móviles en el proceso de votación, pero nunca se había dado un paso tan tajante como suprimir completamente el voto telefónico. La Asociación de Diseñadores llevaba años manifestando su disconformidad con este sistema porque consideran que el público no puede valorar a distancia la ejecución de sus diseños, por lo que la decisión actual supone también una victoria de su planteamiento. Su oposición ha sido de tal magnitud que el porcentaje que representaba la participación del público se reducía al 10% del total del voto.
Sin duda, esta medida también refleja la enorme influencia que ejercen los participantes del concurso, los diseñadores, sobre las bases dictadas por el Ayuntamiento. Durante años, el colectivo ha intentado tener voz y voto en prácticamente todo lo relativo a la celebración del certamen, llegando incluso a imponer criterios que han puesto en entredicho aspectos vinculados con la seguridad de las candidatas y del propio espectáculo. En 2021, por ejemplo, el peso de uno de los trajes (más de 1.000 kilos) dificultó enormemente el movimiento de una candidata en el escenario y ocasionó grandes problemas estructurales en el mismo, cuestión que hizo plantear a la organización el poner un límite de peso para garantizar la seguridad tanto de candidatas como del propio escenario. Los diseñadores se opusieron en rotundo en aras de garantizar la espectacularidad y el esplendor de sus creaciones.
Por lo general, el Ayuntamiento ha terminado cediendo a estas exigencias, en muchos casos bajo la presión de amenazas de no presentar candidatas por parte del colectivo, lo que hubiera supuesto un duro golpe para el prestigio y la continuidad de la gala.
¿Un cambio de época para la gala?
La decisión del Ayuntamiento puede interpretarse como un punto de inflexión: la gala de la Reina, uno de los eventos más simbólicos del Carnaval chicharrero, aborda ahora una transformación estructural. Si bien los argumentos técnicos tienen sentido, el éxito del cambio dependerá en gran medida del diseño final del nuevo sistema (transparencia, accesibilidad, equidad) y de cómo sea percibido por los ciudadanos, sin olvidar el posible riesgo de eliminar totalmente la participación del público y volver al sistema anterior a 2021 y que la elección sea exclusivamente basada en el criterio del jurado.
Para muchos, el Carnaval no es sólo espectáculo, sino también fiesta colectiva: las fantasías desfilan ante un público que se siente parte y que es posible que represente al jurado más cualificado para elegir nueva reina dada su fidelidad al concurso y conocimiento sobre el mismo. Suprimir el voto telefónico supone desafiar esa conexión directa. En ese sentido, la comunicación que haga el gobierno local, así como la participación de los distintos colectivos carnavaleros (diseñadores, comparsas, público) en la definición del nuevo mecanismo, será clave para que el cambio se acepte y no se genere fractura.
En definitiva, la supresión del voto telefónico en la Gala de la Reina es una decisión audaz que busca modernizar el certamen y evitar riesgos, pero que también arriesga debilitar la voz directa del público. El verdadero juicio no estará sólo en la noche de la gala, sino en cómo el Ayuntamiento acompañe esta transición y lo que proponga como alternativa. Si lo hace bien, podrá mantener el espíritu participativo del Carnaval; si lo hace mal, corre el riesgo de desplazar al público de una fiesta que, en esencia, es de todos.




